
Madre Aya me lo recordó.
Suavemente,
entre sollozos y suspiros profundos,
con una visión de tu infancia,
cuando las dos cantamos a duo
“La vai Joâo Varandão”
y lo grabamos en casa de Martín.
Mi pequeña,
mi tesoro,
cuánto te quiero,
y cuánto te he abandonado.
Me abandoné a mí misma
sin quererlo,
ni saberlo.
Poniendo mi atención
en quien no me merece,
tratando de luchar por un amor
con el que él sólo fantaseaba,
y no estaba preparado a honrar,
soñaba conmigo,
pero en realidad no quería,
sólo disfrutaba de mi ingenuidad,
haciéndome daño
y engañándome,
una y otra vez, sin parar.
Y envuelta en esa espiral sin fin
me olvidé,
o no me di cuenta,
del amor que más me importa:
el tuyo, el vuestro.
El de esos dos soles tuyos
por quienes daría mi vida.
El de nuestros padres.
Eres mi ejemplo de respeto,
perfección, admiración, grandeza y humildad.
Tú me quieres de verdad,
Quieres lo mejor para mí,
Siempre estás ahí,
con tu ser,
como una fuerza invisible
más sólida que una montaña.
Este amor que yo tengo
es raro.
Es una joya.
Y lo es gracias a vosotros.
Soy pura de corazón.
Yo ya veo la verdad,
pero a veces hace falta un empujón
y la planta sagrada lo da,
como una madre que quiere lo mejor para sus hijos.
Y la manera en que lo da
es inequívoca,
nunca se olvida.
Yo pensé que habría pureza
en estos grupos espirituales.
Pero donde hay muchas almas,
no hay tal cosa,
pues todos tendrían que ser puros
para que el grupo fuese puro.
La pureza existe sólo
en corazones individuales.
Es el amor divino interno nuestro
que nos hace puros.
Y visto lo que he visto,
no he visto en esos círculos,
ni en otras personas,
a nadie como yo con vosotros,
nuestra familia.
La gente no busca el amor puro.
Piensan que lo quieren,
y cuando lo encuentran,
es demasiado simple,
demasiado perfecto para ser cierto.
Y lo rechazan.
Porque están acostumbrados
a falsedad, suciedad,
o cierta forma de corrupción,
nada es 100% limpio.
Y los narcisistas me dirán:
“Tú te crees especial,
si piensas que eres pura
significa que tienes tú más oscuridad
que todos los oscuros juntos”.
Y uno tiene que callarse,
para no ser tachado de creído.
Los buenos tenemos que callarnos,
y decir que sí con los comunes.
Tenemos que encogernos, escondernos,
no sobresalir,
para que no nos excluyan o ridiculicen,
y no nos digan que nos creemos mejor que ellos.
No es creerlo,
es serlo.
Y cuando uno es,
simplemente siendo,
sin decir nada,
y ellos lo ven,
lo rechazan, o lo menosprecian, o lo ridiculizan,
porque piensan que uno lo hace por competición (como ellos).
No se creen que alguien pueda
tener bondad, talento, belleza e inocencia genuinas.
Por eso es que vosotros,
nuestra familia,
es un nido único,
un tesoro de joyas preciosas
que sólo se encuentra
uno en un millón.
¡Y yo soy parte de él!
¡Qué suerte la mía!
Lo que pasa es que,
a la hora de decidir volver
tengo miedo
porque ya no soy quien era,
no quiero estar sola
y sin embargo tengo miedo a estar más sola,
porque yo me renuevo con la aventura,
lo desconocido, lo escondido, me da energía.
Soñar es mi profesión
y tengo miedo de no volar más
si vuelvo.
Por eso me fui en un principio,
para experimentar el mundo,
encontrar la verdad,
vivir aventuras.
Y cuando he vivido los dolores,
mi corazón es demasiado puro para no doler.
Soy sensible a todo.
Todo lo leo y veo a la gente cada vez más.
Todo me afecta
y lo siento por triplicado,
por eso me cuesta estar en este mundo
sin que no duela,
o sin que no sea intenso,
o fantástico, o impresionante, o supernatural.
Lo veo todo elevado al cubo,
intenso en su esencia.
Si algo es bueno, lo veo como lo mejor del mundo.
Si algo es malo, lo veo como lo peor del mundo.
Incluso los términos medios son intensos.
Por eso perdóname
por no saber ser normal.
Hago lo que puedo
para que estéis contentos
pero nunca voy a poder ser del todo normal
porque no lo soy.
Lo único que tengo es este amor intenso.
Que ya es,
pues no abunda.
Te quiero, mi boni.








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